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ESTRENO MUNDIAL: CUADROS DE UNA EXPOSICIÓN

 COREOGRAFÍA DE GLORIA CONTRERAS

Reyna Barrera

 

El ballet es un arte clásico, entre los clásicos, en México el cuerpo del Taller Coreográfico de la UNAM es un ejemplo de impulso creador constante. Su directora, Gloria Contreras, prácticamente se ha instalado en estrenar cada temporada, por lo menos una coreografía en donde va decantando a cuenta gotas la esencia artística del ballet y la pureza de sus formas.

 

En la temporada 68, que se llevó a cabo en la Sala Miguel Covarrubias, los espectadores pudieron disfrutar de imágenes estilizadas tanto de música, como de pintura, en estreno mundial de la coreografía de Gloria Contreras “Cuadros de una exposición”, música de Modeste Mussorsky. Esta coreografía en especial, evoca al mortero del alquimista en donde diversos metales darían un compuesto artificial, después de un largo periodo de cocción: el oro. No se supo jamás si alguno de aquellos magos logró hacer oro en su cuenco, lo que sí se sabe es que una joya se produce cuando diversas artes conjuntas aportan el sumun de su esencia para llevar a cabo una expresión de mayor trascendencia.

 

La propuesta coreográfica obtiene calidad al mostrar su concreción no sólo en pasos y movimientos, sino también en la riqueza de sus elementos rítmicos, con los que ha superado los obstáculos de las partituras sinfónicas, que no han sido producidas exactamente para ballets.

 

La coreografía: “Cuadros para una exposición” remite al espectador, a una serie de pinturas, de las que emana una música audible sólo para Mussorgky, quien compuso la sinfonía que va describiendo el momento, la luz, los personajes, el ambiente y otros detalles de las pinturas, a través de su música. Los bailarines interpretan la música y la pintura: “Gnomo” (Francisco Rosas), “La dama y el trovador” (Alejandra Llorente y Eduardo Ruelas) , “El juego de las niñas” (Rocío Navarro, María O´Reilly y Olga Rodríguez), “La carreta” (Guillermo Firch, Alfredo García, Francisco Rosas y Arturo Vázquez), “El pollito”(Mireya Rodríguez), “El rico y el pobre” (Claudia Hernández y Ángel Mayrén), “El mercado” (Galina Álvarez, Alejandra Llorente, Olga Rodríguez y Eduardo Ruelas), “Catacumbas” (Alfredo García, Claudia Hernández, Rocío Navarro, María O¨Reilly, Francisco Rosas y Arturo Vázquez), “La cabaña”, donde intervienen: Alfredo García, Mónica Isla, Alejandra Llorente, Ángel Mayrén, Mireya Rodríguez y Eduardo Ruelas. Al salir del museo, Promenade (Yicet Capalleja), la visitante y admiradora de los cuadros, se encuentra frente a “La puerta de Kiev”, donde baila todo el elenco.

 

Las pinturas de los maestros rusos, iluminadas a través de las notas de Mussorgky, aletean, respiran, se mueven a través de los bailarines, que van dejando en el escenario y bajo una luz, que por esta vez, imita a los pinceles, las siluetas de las figuras que aparecen en los cuadros.

 

El Taller Coreográfico va llevando, a lo largo de la exposición de pinturas, al espectador, bajo el influjo poderoso de la música y ya que está frente al cuadro, los personajes se desplazan en trazos, a veces impresionistas, otras en la precisión de la línea, balanceándose, con puntualidad sobre las puntas. Frente a “La puerta de Kiev” la tradición académica se muestra plena en la concepción de la danza. Tanto evoluciones al centro, como la secuencia que el cuerpo de baile ejecuta en tercer plano, contribuyen a que el espíritu del ballet se proyecte sobre los acordes, que reflejan la estructura del edificio, a esa hora en que Mussorgsky le dio una urdimbre musical y la coreógrafa, Gloria Contreras, una tercera dimensión.

 

De manera general, la creación de dicha coreografía plantea una serie de escenas, que en el ballet son hallazgos valiosos al despejar en el espacio las propuestas de tiempo propias de la partitura. La música de los grandes compositores rusos, ha sido para la coreógrafa, fuente de seducción e inspiración como por ejemplo la “Sinfonía en tres movimientos” de Igor Stravinsky, que a su vez la relaciona con las pinturas de Van Gogh.