Francisco Murguía

Ha participado en dos de los concursos patrocinados por el Taller Coreográfico de la UNAM. Desde 1988, es fotógrafo oficial de la compañía. No sólo conoce el trabajo coreográfico del TCUNAM, a veces lo ha visto crecer desde los primeros ensayos, sino también a los bailarines y sus respectivas personalidades.

Sus fotos son, efectivamente, documentos y retratos a la vez. Y más aún: su intimidad con su trabajo le permite ir más allá de la coreografía para captar la esencia de la danza. Él fotografía baile, no sólo bailarinas y bailarines.

A pesar de que el trabajo de Murguía va más allá del retrato, él observa los rostros de los bailarines antes que el movimiento para determinar el momento justo de la foto. Cuando los bailarines se encuentran en un buen momento de actuación, él ve en sus caras que es el instante justo para tomar una foto lograda.

Sus habilidades técnicas junto con su intuición psicológica forman parte integral de su talento, pero también lo separan de él. Una cosa es fotografiar los trazos de una coreografía. Pero es muy distinto captarlos de tal manera que se conviertan en una obra de arte independiente. Esto es lo qué ha hecho.

"La fotografía es magia y la danza también. Son dos magias. La bailarina lo que más da es que desprende su espíritu. Si yo también desprendo mi espíritu lo capto. Entonces yo me estoy metiendo en ella. Estoy viendo cómo está bailando", opina Murguía.

 

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